Estamos en una Irlanda en
ebullición, en mitad de la década más complicada en muchos aspectos para la
población, los convulsos años 80. Bill Furlong es una persona muy apreciada y
respetada por la mayor parte de los vecinos. Casado desde hace ya una eternidad
es padre de cinco hijas y con mucho trabajo a lo largo de los años llegó a
hacerse con una pequeña flota de camiones con los que comercializa carbón de
diferentes calidades y madera para las chimeneas y cocinas de su localidad.
A pesar de ser el jefe de la
empresa su trabajo es incansable, y sirve de sol a sol sus cargamentos de
carbón a tantos vecinos como puede, siempre de forma atenta y amable. Estamos
en la víspera de Navidad, y el invierno está siendo duro, lo que significa que
seguramente pueda aguantar otro año más sin despedir a ningún trabajador por el
aumento de necesidades de calor en cada hogar. Entre los vecinos a los que
sirve (y a veces fía su mercancía hasta que vengan tiempos mejores para los
clientes) se encuentra la Lavandería de la Magdalena, una institución regida
por religiosas que tuvo ramificaciones por todo el país durante siglo y medio.