Nos encontramos en la época entre
guerras (muy cerca de la Segunda) en la capital británica. Julia lleva años
dando tumbos en su inestable vida. Su decisión de apostarlo todo por dedicar su
existencia al reacio y hostil mundo del espectáculo no dio el resultado
esperado y ahora, tras haber dilapidado cada una de las libras de las que
disponía, está en un callejón sin salida. El atractivo de sus años jóvenes, además, insiste en ir abandonándola poco a poco a pesar de su resistencia y sus intentos de retenerlo. Los acreedores llaman a su puerta
(literalmente) y tal vez su única manera de calmarlos sea malvendiendo cada una
de las pocas cosas que le quedan.
Sin embargo, la carta que recibe
Julia por parte de su hija supone por un lado una inmensa alegría (es la hija
de la que no sabe nada desde hace mucho tiempo) y por otro una posible vía de
escape: Julia es invitada a la residencia de vacaciones que Susan (su hija) y
su abuela, la Sra. Packett (suegra de Julia), alquilaron en la villa Les Sapins,
en Francia, al otro lado del Canal de La Mancha. Así que Julia decide abandonar
Londres con cinco libras en el bolsillo, sin casa a la que volver, y con un
papel que ha de bordar: el de dama que ha aprovechado su tiempo, los fondos
asignados por su suegra, y el más importante papel, que es el de madre y amiga
de una hija de la que apenas recuerda gran cosa.