En esta breve obra, la única
publicada por su autor, encontramos esbozos, recuerdos y sensaciones de un
niño/adolescente en uno de esos veranos antiguos, comunitarios, familiares,
colectivos, que se vivían hace unas décadas. La casa a la que acude el
protagonista esa estación del año y en la que conviven todas las ramas de una familia
se encuentra en Asturias, suponemos que en la cercanía de la ciudad de Gijón, y
estamos seguros de que cerca de la costa sometida al mar Cantábrico.
Entre guerras de almohadas y sentados
a mesas en las que comen adultos separadas de aquellas en las que comen los
niños, viviremos con el narrador (con una voz que hoy podemos considerar normal
pero que en el año de su publicación, 1952, hubo de ser rompedora) aventuras y
sobre todo sentimientos expresados de una forma lírica y que tienen su hilo
conductor en la fascinación que produce en él Helena, convertida en su primer
amor, su primera caricia, su primer beso, el terremoto que supone el roce de
unos dedos…