Pido disculpas por empezar la
reseña de este libro de una forma tan poco ortodoxa pero he de indicar que hay
veces que un nombre, en lugar de ayudarnos a determinar el qué o el quién,
contribuye a sumirnos en la duda y no en la certeza. Y el nombre de Richard
Yates me supuso eso. Es un nombre que suena bien, que parece querer recordarnos
decenas de cosas (puede ser un actor secundario de películas de un clásico
blanco y negro, o un baloncestista que jugaba cuando lo hacía Wilt Chamberlain,
o tal vez un político que acabó su carrera ejerciendo de diplomático…) pero al
que no conseguía asociar a nada concreto.
Pues bien: Richard Yates fue un
escritor (y profesor, y periodista, y guionista…) nacido en 1926 y muerto en
1992. En su corta obra (probablemente lastrada por un alcoholismo intermitente
que sufrió durante gran parte de su vida) podemos y debemos destacar el título “Vía
Revolucionaria” cuya adaptación cinematográfica unió a grandes protagonistas (Kate
Winslet y Leonardo DiCaprio) con un resultado final más que digno:
Revolutionary Road. El desencanto de la familia perfecta que cumple todos los
requisitos (impuestos por la sociedad de consumo y no por ellos mismos) para
ser feliz y cuyos miembros no lo son en ningún momento está plasmado en el
libro de una forma difícil de superar.
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Cuando leí el título de la obra
que traemos hoy, “Las hermanas Grimes”, me despertó interés independientemente
de ese nombre, de ese autor que firma la obra al que no conseguí asociar. Entre otras cosas me decidí por el argumento y también por la fascinación que me despierta el entorno en el que se desarrolla la obra.
Esa fortuna de elegir el libro como próxima lectura (en medio de uno de esos desesperantes baches lectores en el que abandoné no menos de diez lecturas) sin relacionarlo y por tanto sin recordar lo mucho que
me había gustado “Vía Revolucionaria” me regaló esa maravillosa sensación de meterse en la historia desde la primera página. Y en pocas páginas, viendo lo que tenía ante mí, leyendo lo que estaba leyendo y sin más publicidad que su prosa, no pude más que buscar el nombre de un autor misterioso que me parecía que merecía una atención mayor. Lo consiguió en pocos párrafos gracias a 3sa prosa ágil, sin florituras pero certera y asequible
y a la que consiguió imprimir de forma paralela poso, profundidad, reflexiones y cavilaciones; en definitiva, peso en lo escrito.
“Ninguna de las hermanas Grimes estaba destinada a ser feliz,
y al echar una mirada retrospectiva siempre da la impresión de que los
problemas comenzaron con el divorcio de sus padres”. Así comienza una lectura
en la que veremos la vida desde la infancia de Sarah y de Emily, hijas de
Pookie, que han de saltar de localidad en localidad siguiendo la lista de puestos de
trabajo de su madre, hasta que se establecen en la gran ciudad, en Nueva York.
Poco más se puede decir del
argumento: sabremos cómo evolucionan ambas hermanas (y la madre) y cómo la vida
va erosionando sus ilusiones y, tal y como su obra más conocida nos narra, el
proceso de adaptarse a la realidad es un camino menos agradable del esperado.
Algo importante, y que creo que define la importancia de “Las hermanas Grimes”
para el autor, es lo que declaró Richard Yates: “Emily Grimes cést moi”. Vamos,
que se identificaba con el personaje (y por lo que he leído de su biografía también
con algunos hechos narrados).
Con esta reseña espero que jamás
me vuelva a pasar lo mismo y que la siguiente vez que lea el nombre de Richard Yates no falte la necesaria asociación con “Vía Revolucionaria” y, desde hoy, con la fabulosa obra “Las hermanas Grimes”. No sé si conocías a Richard Yates, pero es posible que hayas escuchado a lo largo de tu vida decenas de veces las típicas coletillas (que parecen tan solo un sello impreso para aumentar las ventas) asociadas a la vieja historia: “es un autor
injustamente olvidado”, “es uno de los grandes autores del siglo XX”, "es un genio sin el reconocimiento merecido", etc.
Creo
que, en este caso, cumple con todos los requisitos para ocupar ese lugar sin ser un tópico: el de
un autor enorme que merece mucho más reconocimiento del que recibió tanto en
vida como después de su fallecimiento. Yo tan solo te sugiero que cojas unos de
sus libros y compruebes si estás de acuerdo. Richard Yates. Un gran autor.