sábado, 11 de diciembre de 2021

Pseudónimos

 

“Aquí yace Eric Arthur Blair, nacido el 25 de junio de 1903, fallecido el 21 de enero de 1950”. Si te encuentras con una lápida que contiene estas palabras (bueno, realmente está escrita en inglés), casi con toda seguridad te encuentres en un pequeño cementerio de la localidad de Oxfordshire, un condado situado al noroeste de Londres . Seguramente no te llame demasiado la atención un nombre así ni te pares a mirar demasiado, pero  sí lo harías si fueses lector del ocupante de esa sepultura, ya que es el célebre autor de libros como “Rebelión en la granja” o “1984”.

 

Eric decidió evitar publicar con su propio nombre como deferencia hacia su familia, antes de publicar su primera obra, “Sin blanca en París y Londres”, en la que narra algunas de sus propias y duras vivencias en los bajos fondos de dichas ciudades. Después de barajar varios seudónimos, se decidió por George Orwell, tomando el nombre de pila del patrón de Inglaterra, y el apellido de un conocido y querido río. La elección de un apellido cuya inicial es la letra O no fue casual, ya que el escritor pensaba que le otorgaría una posición privilegiada en las estanterías de librerías y bibliotecas.

 

lunes, 6 de diciembre de 2021

"Otra vida por vivir", de Theodor Kallifatides

 

Theodor Kallifatides tiene una obra que cuenta con más de cuarenta libros publicados. A pesar de ello, seguramente no conozcas su nombre o te suene desde hace relativamente poco tiempo. Griego asentado desde hace más de cincuenta años en Suecia, prácticamente toda su obra fue escrita en su idioma de adopción. Yo no tengo el placer de conocer esa obra (digamos sueca), y el nombre del autor hace poco más de un año que lo escuché por primera vez. Tras tan dilatada carrera, en la que obtuvo un reconocimiento y un prestigio que tan solo empieza a tener en España, Theodor llegó a un momento en el que confesó sentirse perdido, sin nada que escribir. Tal vez algo comprensible.

 

domingo, 28 de noviembre de 2021

"La tía Mame", de Patrick Dennis

 

Patrick Dennis hojea una revista, y en uno de los artículos hablan de una excéntrica mujer, célebre miembro destacado de la vida social neoyorquina, que hace tiempo adoptó a su sobrino, tras el fallecimiento de su hermano y padre del niño. La historia que Patrick lee le es conocida, aunque los detalles aparecen un tanto distorsionados de una forma fantasiosa, y desde luego muy diferentes de lo que permanecen en su memoria.

 

Y es que Patrick es ese huérfano desvalido del que se hizo cargo su excéntrica tía,  hace ya unas décadas. Su madre, la de Patrick, murió durante el parto, diez años antes de que muriese su padre y en un momento peligrosamente cercano al Crack del 29. Por fortuna, el adinerado padre tuvo la prudencia de dejar puntillosamente especificados cada uno de los aspectos que afectarían a su hijo hasta que cumpliese la mayoría de edad. Entre ellos, cómo y cuándo invertir el dinero que heredaría el día de su muerte, y, lo más importante, con quién se quedaría, quién sería su tutor o tutora.

 

sábado, 20 de noviembre de 2021

"El tiempo es un canalla", de Jennifer Egan

Si se pudiese decir que existe el fetichismo literario (aunque suena disparatado), en mi caso tengo claros cuáles serían los síntomas de esa supuesta enfermedad, sin importar demasiado el orden: por un lado me resultan interesantes las novelas que vienen aderezadas con una portada del pintor estadounidense Edward Hopper o una ilustración similar. Supone para mí una especie de imán ver la portada y tiene muchas posibilidades de pasar a mi lista de pendientes de leer al primer vistazo. 

La segunda señal de alarma, y es una que me está suponiendo un problema últimamente, es que el libro esté publicado por la editorial Libros del Asteroide. Tal es el número de aciertos que llevo con libros de la editorial barcelonesa que el índice de acierto aparece con un desnivel en la balanza importante. Y eso no se puede desaprovechar.

lunes, 8 de noviembre de 2021

"Las gratitudes", de Delphine de Vigan

 Michka es una anciana. Vive sola desde hace muchos años y carece de familiares, pero hace tiempo que ya no puede valerse por sí misma. Sin embargo lo último que desea es ser una carga para cualquier otra persona. Habitualmente recibe la visita y la ayuda de Marie, una vecina de su mismo edificio, que le sirve tanto de antídoto contra la soledad (a Michka) como para tener un control de las capacidades (cada vez menos) de la anciana (a Marie).

Tras acumularse una serie de incidentes  que amenazan con ir a más tanto en reiteración como en gravedad y, ante la incapacidad de la joven Marie de hacerse cargo de la situación, no hay más remedio: Michka ha de ingresar en una residencia gerontológica. Como podemos suponer, el hecho de mudarse a la misma es un camino sin retorno, aunque la maltrecha y menguante mente de la protagonista ya no es consciente de ese hecho.