El mundo en el que vivimos se
mueve en una constante y a veces vertiginosa velocidad, una evolución sin pausa que arrastra a las sociedades
que lo forman. Sin embargo cada una de estas sociedades avanza de forma diferente, a su propio ritmo y, si
nos centramos en un solo país, es sorprendente observar cómo aspectos que hoy día son
verdades irrebatibles un par de décadas atrás eran supuestos impensables. Es más que probable que recordar costumbres pasadas haga que
algunas personas se sonrojen por la forma de actuar (aunque fuese colectiva)
que tenían en el pasado.
Afortunadamente en la actualidad las preferencias
sexuales de las personas están siendo en muchas sociedades más aceptadas como
lo han de ser (como una elección privada que atañe a dos personas) y no como lo
eran hasta hace poco. En el tema del que queremos hablar hoy, el de la
identidad sexual y el de las relaciones amorosas diferentes a la aceptada
mayoritariamente durante toda la historia, la persecución milenaria que han
sufrido las personas con esas características da muestras de estar en vías de
extinción (de manera más lenta de lo deseable).


