Patricia y Peter son una joven pareja. Viven en la Nueva York de los años veinte (me acabo de dar cuenta de que hay que empezar a señalar que son los veinte del siglo pasado), y están encantados de que así sea. Disfrutan de la ebullición de la ciudad, que se condensa sobre todo en una vida social muy activa con noches llenas de clubes de jazz más o menos glamurosos, y mucho alcohol. A quién le importa ya si está prohibido o permitido. Además, forman el modelo de la pareja moderna, disfrutando de una recién estrenada libertad, que incluye el conocer a alguna que otra persona que no forme parte de la pareja, siempre que se le cuente al compañero.
Sin embargo, esa libertad está un poco desnivelada, y Patricia se da cuenta de que, en cuanto hace uso de ella, se vuelve en su contra. Tanto que la atropella. Y se convierte, como dice el título, en la divorciada. Entonces era un estigma, y en su entorno (antes de que ella lo fuese ya veía a las mujeres que estaban divorciadas como si llevasen un cartel sobre su cabeza) es algo que puede que jamás pueda eludir. ¿Qué hacer entonces? ¿Irse de la ciudad a comenzar una nueva vida? ¿Convertirse en colega de alguna divorciada en su periplo por los clubes de la gran manzana? ¿Anhelar el volver con Peter?