domingo, 15 de agosto de 2021

"Amor", de Hanne Ørstavik

 

Estamos en el norte de Noruega, en un diminuto y en cierto modo insignificante pueblo, que pasa desapercibido en un entorno dominado por la tiranía de la nieve, una nieve que se empeña en mostrar su poderosa presencia en cierto modo opresiva. Vibeke lleva tan solo unos cuatro meses en ese pueblo, en el que se instaló para llevar a cabo su labor en el ayuntamiento. Seguramente no recuerde cuántos puestos de trabajo desempeñó en los últimos años y, además, habrá olvidado también alguno de los pueblos en los que ha vivido, lejos de cualquier tipo de familia y con la dificultad de entablar amistades que conlleva ese tipo de vida.

 

Con ella vive Jon, su hijo. Sí, sé que parece incongruente que haya dicho que se encuentra lejos de su familia, pero realmente el grupo que forman Vibeke y Jon no se puede considerar familia en sí. El niño cumple nueve años el día de mañana y espera una celebración modesta pero bonita. El libro nos habla de esa víspera, de lo que piensan, sienten, hablan y hacen madre e hijo, cada uno en su mundo, cada uno en su satélite. Vibeke en un satélite en el que su vida es diferente, más llena de luz y de sonido, más acorde a lo que ella desea y necesita vivir en contraposición al agotamiento y vacío que le toca vivir a diario, en contraste con los restos de nieve en las botas al entrar en casa y el frío perenne. En el satélite de Jon hay una constante: la espera a su madre, la espera de su atención, de su amor. Poco más hay que decir del argumento, y seguramente te darás cuenta de que éste es uno de esos libros en los que lo importante no es la acción (que se desarrolla en doce horas) en sí sino qué y cómo nos lo quiere contar la autora.

 

Hay libros sobre los que es muy sencillo realizar una reseña. Como se dice por aquí, sota, caballo y rey: hay un orden lógico en el argumento, hay unos personajes claramente definidos y una forma de narrar sencilla y asequible. En “Amor” creo que no vas a encontrar nada de eso, y para algunos lectores es una señal de PELIGRO, y ante ella se alejan en busca de algo más reconocible o amable, algo más convencional. Sin embargo para otro tipo de lector es un cartel de neón para acercarse a la historia. Seguramente este segundo grupo sea menos numeroso y, si este libro está destinado a alguien, es a una pequeña, tal vez minúscula, minoría dentro de ese grupo.

 

Voy a intentar encontrar un paralelismo entre lo que me produjo la lectura de este libro con algo que produce también diferentes opiniones y sensaciones: hay bebidas o comidas amargas, con un sabor particular y extraño, que sin embargo nos gustan desde hace tiempo. ¿Sabrías decir por qué te gusta esa bebida o comida tan amarga, tan poco amable? La primera vez que las probamos sentimos, seguramente, extrañeza y, tal vez, una reacción negativa de nuestros sentidos. Sin saber cómo ni cuándo, nos acostumbramos a ese sabor y, poco a poco, lo fuimos necesitando hasta formar parte, en cierto modo, de nosotros.

 

Así leí “Amor”. La nieve, que viene siendo un personaje, un antagonista que todo lo complica, que invade a nuestros personajes en todo momento, nos pone desde el principio en una postura incómoda. Nos llena de aislamiento, de una sensación gélida y también nos cubre el silencio y una oscuridad casi palpable. Además, la autora nos “arroja” una forma de narrar nada amable, se puede llegar a decir un tanto hostil, con la que pretende que el lector se vaya creando su propia historia. En toda la historia nos vamos a encontrar con un párrafo sobre Vibeke y en el siguiente… en el siguiente no sabrás de quién habla hasta que lo hayas empezado. Sorprendente y desconcertante. Novedoso, arriesgado y, creo, acertado para lograr su objetivo.

 

Con todos esos ingredientes comencé una lectura extraña, muy particular, en la que no sé en qué punto se hizo adictiva, hipnótica, excelente. No sabría decir por qué me ha gustado tanto “Amor”, pero es una mezcla extraña de razones. Entre ellas que la autora consiguió (al menos en mi caso, pero entiendo que no todos los lectores lo vean así) que yo me formase mi propia historia, que completase en mi cabeza lo que estaba leyendo, creciendo así el libro de la manera que, sospecho, deseaba la autora al comenzarlo. Porque es un libro que crece en nuestra mente y crece después de ser leído. Una lectura extraña y excelente, y me alegro de pertenecer a la minoría que, sin saber nada del libro, llegamos a disfrutarlo, a hacerlo uno de nuestros sabores preferidos.


Hace unos días que lo terminé, hace unos días del día en el que lo leí (es buen síntoma cuando acabas un libro el mismo día en el que lo comenzaste). Desde entonces crece en mi mente y sé perfectamente que dentro de unos meses habrá crecido todavía más. Y ése es el logro de un libro considerados uno de los mejores de la Literatura Noruega, poniendo en el podio a una autora (no voy a volver a escribir el nombre, lo siento, todavía no comprendo cómo he conseguido escribir la inicial de su apellido) que merece visibilidad. Yo lo comprendo y lo comparto. No quiero terminar esta reseña sin alabar la edición que nos ofrece Duomo Nefelibata, y sobre todo la portada elegida. ¿No es bella? ¿No es una obra de arte? ¿No es perfecta?


⭐⭐⭐⭐