domingo, 31 de diciembre de 2017

"La uruguaya", de Pedro Mairal

Lucas Pereyra es un escritor bonaerense con modesto éxito que no pasa por su mejor momento. Tras mucho tiempo sin publicar nada, recibirá un dinero por contratos sobre relatos a publicar en otros países. Debido a la situación económica  que se vive en ese lado del Río de la Plata (no puedo evitar cada vez que nombro ese río recordar a Sabina y su "¿Dónde estás?"), decide que va a cobrar esa cantidad en la otra orilla, en la cercana Montevideo, ya que conseguirá el doble de dólares en dicha ciudad. 

Es una operación lo bastante arriesgada como para temer por su éxito (muchos de sus compatriotas han de valerse de la misma artimaña y resultan un imán para algunos delincuentes) así que se arma de valor y de todas las precauciones y realiza el viaje que le proporcionará fondos para trabajar en su obra durante un año. Además, aprovechará la jornada para encontrarse con un par de personas (sí, evidentemente la uruguaya es una de ellas) que forman parte de su pasado.


"La uruguaya" es la crónica de ese día, de ese martes en el que sale temprano de casa para emprender un viaje de unas cinco horas y volverá bien entrada la noche. También es un paseo por sus sentimientos, y una excusa perfecta para desgranar lo que es la relación con su esposa (a la que se dirige en todo momento en la narración), la llegada y el cuidado de su hijo y cómo afecta a cada uno de los dos el paso del tiempo.

¿Qué puede decirse de un libro que fue una de las revelaciones del año que acaba hoy? Que me sorprendió. Tras unas páginas dubitativas en las que la barrera de un idioma común pero con unas expresiones tan diferentes hizo que la lectura se nutriese de una extraña sensación pronto se divisó la  verdadera esencia de la lectura. Y no es otra que una apasionante, descarnada y desenfadada prosa en la que pronto me vi envuelto. Porque la corta novela que nos presenta Mairal es adictiva, fácil de digerir y las páginas van agrandando con velocidad el montoncito que queda a la izquierda del lector.

El autor argentino era un perfecto desconocido para mí, y resultó ser una agradable sorpresa  el adentrarme en su forma de escribir cercana, tal vez con tintes autobiográficos, y con una dosis de humor que nos regala momentos memorables. Es, para mí, imposible escribir una reseña sin dejar constancia de la brillante comparación que nos regala sobre lo que supone para él el cuidar de su hijo, tarea que define como  hacerse cargo de un "enano borracho". Esos párrafos son (y muchos otros) el perfecto ejemplo de lo que nos podemos encontrar en las 150 páginas de una novela muy recomendable.

Tal vez el resumen de este libro hubiese debido de limitarse a un típico "chico conoce chica". Porque en sí es lo que sucede. La historia tantas veces contada de los sentimientos que nacen al conocer a alguien que puede cambiarlo todo. Una historia tantas veces contada y que, sin embargo, en manos de Mairal parece una historia nueva, fresca, un cúmulo de sorpresas, una plataforma para demostrar su talento. Merece la pena y, aunque no siempre sucede así, una de las novelas revelación de este año es digna de ser recomendada y, si te decides a leerla, probablemente sea una de tus próximas recomendaciones. 

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