martes, 22 de julio de 2014

Parejas de escritores

En otras ocasiones hemos visto las distintas relaciones que, bien surgidas del entorno familiar,  (entrada sobre hermanos escritores/ entrada sobre padres e hijos escritores) bien en forma de relaciones de amistad y de odio, (entrada sobre amigos y enemigos entre escritores) se produjeron entre distintos escritores. En estas líneas echaremos un vistazo a las relaciones sentimentales que mantuvieron en algún momento algunos autores.

Si os parece, empezaremos con la historia de amor que duraría hasta que la muerte separó a la escritora Adeline Virginia Stephen y el  escritor, editor y teórico político Leonard Sidney Woolf, del que tomaría su apellido, y que aparecería en todas las obras firmadas por Virginia Woolf.

La suya fue una historia singular. Hubo gente que no entendió una relación en la que era tan evidente la diferencia social (Leonard pertenecía a un rango muy inferior al de Virginia, tanto social como económico), pero a la postre resultó definitiva. Virginia no era ajena a esa falta de comprensión en su entorno, y, no sin humor, definió a su futuro marido como “un judío sin un céntimo”.


Ambos pertenecían al selectivo Círculo de Bloomsbury (grupo de intelectuales residentes en dicho barrio londinense que compartían charlas y vivencias y se reunían habitualmente en la casa de Virginia), que entre otros puntos, tenían en común un rechazo a la moral victoriana. También era una de sus características el rechazo a la exclusividad sexual, y de hecho Virginia mantuvo durante los años veinte un conocido romance con la también escritora Vita Sackville-West, e incluso Woolf dedicó a su amante el libro “Orlando”.

A pesar de que esa relación acabó prácticamente con la década, siguieron manteniendo una relación de amistad hasta el final. Conocidos son los problemas psicológicos que tuvo Virginia Woolf durante gran parte de su vida (al parecer en la actualidad se le habría diagnosticado un trastorno bipolar). Su marido Leonard intentó acompañarla durante toda su vida en la lucha contra dichas complicaciones; sin embargo, es sabido que una tarde de marzo de 1941 Virginia introdujo piedras en los bolsillos de su abrigo, y acabó con su vida introduciéndose y  ahogándose en el río Ouse, al lado de su casa.

El amor que vivieron Leonard y Virginia quedó reflejado en la emotiva carta de suicidio que dejó escrito Virginia, y que termina con un elocuente:
“No creo que dos personas pudieran ser más felices que lo que hemos sido tú y yo”. (aquí puedes ver la entrada "El escritor y el suicidio")

Tras ver una historia tan singular como la anterior, conoceremos un poco más del censurado y tildado de pornográfico en su momento Henry Valentine Miller (incluso sufrió un proceso judicial siendo acusado de obscenidad tras la publicación de “Trópico de Cáncer”). El escritor estadounidense fue un asiduo de los ambientes más sórdidos y marginales del París de los años 30, y siempre fue un defensor de la lucha contra el puritanismo.

Unos años antes, un Miller casado había entablado relación con una enigmática mujer, June Mansfield, a la que había conocido en un club en su oficio de taxi dancer (acompañante de baile remunerada). A pesar de que Miller estaba casado, su enamoramiento fue en aumento, hasta que June se convirtió en su segunda esposa.

La personalidad de June influyó decisivamente en la carrera de escritor de Henry Miller, ya que lo convenció de que abandonase su puesto en la Western Union y se dedicase por completo a su vocación, recayendo sobre ella la responsabilidad de conseguir efectivo para pagar las facturas. June ejerció diversos oficios, y consiguió (en circunstancias poco claras) que varios admiradores patrocinasen las andanzas del autor. El carácter evasivo y las diversas versiones (contradictorias) que June ofrece a Henry de su pasado y de su presente obsesionan a Miller.

En una de sus habituales salidas nocturnas, June conoce a la joven Jean, con la que entabla una relación apasionada, e incluso compartirá vivienda con el matrimonio. Todo ello acabará con una nota de despedida, en la que el escritor descubre que June ha viajado a Europa con su amante Jean. El tremendo golpe recibido por Miller hace que se obsesione con la idea de viajar e instalarse en París. Un año más tarde lo logra, y en dicha ciudad conoce a  Ángela Anaïs Juana Antolina Rosa Edelmira Nin Culmell, la conocida escritora Anaïs Nin.

Entre ellos nace una relación intensa, tanto intelectual como físicamente. Pronto se convierten en amantes, y aunque eso durará unos años, la amistad que entablaron durará siempre. La ya de por sí peculiar relación de Henry Miller con su mujer June avanza unos estados más  cuando June se instala en París. Anaïs queda totalmente prendada de June, y se inicia un intenso triángulo amoroso que sería descrito por la propia Anaïs en “Henry, su mujer y yo” (también conocido como “Henry y June”). La relación dura tan sólo unos meses, ya que June decide regresar a Estados Unidos y divorciarse de Miller, dejando atrás París, y dos escritores destrozados, e inspirados por la enigmática mujer.


Se puede observar con facilidad lo tumultuosa que resultó la relación de Miller con su esposa, al igual que la que sufrieron los integrantes de la siguiente pareja que vamos a recordar. Se trata del gran escritor Francis Scott Fitzgerald y su amada Zelda Sayre. El joven Francis estaba perdidamente enamorado de Zelda, hija de una acomodada familia y amante de una vida de comodidades y alegrías. Llegaron a comprometerse, pero el bajo nivel económico que poseía un Fitzgerald, que no era más que un escritor en potencia sin ninguna obra publicada,  llevó a Zelda a romper dicho compromiso.

Sin embargo, un año más tarde, una vez publicada su primera novela, “A este lado del paraíso”, Francis consigue el “Sí, quiero” de Zelda. Pronto la novela se convierte en un éxito, y la pareja es vista como el símbolo del glamour de la época: jóvenes, ricos, interesantes, divertidos, son el germen de lo que hoy en día son las parejas que acaparan portadas en las revistas del corazón, atrayendo los flashes con cada movimiento.


Una vida pública envidiable, que realmente esconde una vida privada agitada. El éxito de Fitzgerald, que llega a su cumbre en 1925 con la publicación de “El gran Gatsby”, (reseña "El gran Gatsby" aquí) los lleva de fiesta en fiesta y de borrachera en borrachera, además de permitirles codearse con las personalidades más importantes de la cultura de la época, siendo el escritor una de las piezas básicas de la “Generación perdida”.

Los celos de Zelda sobre supuestas (e inciertas) infidelidades de Francis son superados por los celos que provocó en el escritor la relación que mantuvo su esposa con el piloto francés Edouard Jozan. La relación llega al punto de que Zelda solicita el divorcio a su esposo, pero dicho acto hace que el piloto francés rompa la relación, y el matrimonio sigue su curso. Las habituales borracheras del escritor van en aumento, de hecho ya lleva años convertido en alcohólico, situación que vivirá hasta el final de sus días.

El elevado tren de vida que llevan necesita algo más que los ingresos que proporcionan la venta de sus libros, y Fitzgerald acepta la propuesta de colaborar en la escritura de guiones de Hollywood. Además de los problemas de alcoholismo de Francis, a Zelda le es diagnosticada una esquizofrenia, que la tendrá entre internamientos en hospitales psiquiátricos y depresiones.

Tras un internamiento, Zelda decide convertirse en escritora, y en tiempo record escribe “Resérvame un vals”, una novela claramente autobiográfica y que, a juicio de Francis, está basada en la novela en la que está trabajando él mismo y que ella ha leido, y que más tarde publicaría como “Suave es la noche”. La tormentosa relación entre marido y mujer sufre otro revés cuando Scott se enamora de Sheila Graham, columnista del mundo del espectáculo en Hollywood. Mantendría con ella una relación que se rompería en 1937, momento en el que regresa con Zelda, y con ello las borracheras de él, los internamientos de ella, las peleas, los celos, los amantes… en fin, que representaron en todo su esplendor el auge y la caída del sueño americano. 

Él falleció en 1940, y siete años más tarde fallece ella en el incendio del hospital psiquiátrico en el que estaba internada. Ahora, concretamente desde la década de los 70, los restos mortales del matrimonio reposan juntos en Rockville, bajo la frase final de “El gran Gatsby”:

“Y así seguimos adelante,  botes contra la corriente, empujados incesantemente hacia el pasado”.

Es lógico pensar que hay una gran cantidad de parejas surgidas entre autores literarios, y de hecho así es; sin embargo, no nos vamos a centrar en parejas que ya han fallecido, y que pasaron a la posteridad como tal. También en la actualidad podemos encontrar a parejas como las formadas por Elvira Lindo (cuyas obras más conocidas son las de la serie de “Manolito Gafotas”) y Antonio Muñoz Molina, receptor del premio Príncipe de Asturias en el año 2013.


También, aún a riesgo de que nos suene un poco más lejano, encontramos al matrimonio formado por la ensayista, poeta y novelista estadounidense de origen noruego Siri Hustvedt, que al parecer con su novela “Elegía para un americano” consiguió despegarse la etiqueta que la acompañaba hasta entonces, la de “esposa de”, en este caso del famosísimo Paul Benjamin Auster.

La relación entre ambos nos guarda algunos detalles en sus libros. Por ejemplo, el personaje de la primera novela de Siri (“La venda”), es una joven llamada Iris (léase al revés), basado en sus propias vivencias.  Dicho personaje volverá a aparecer en un libro, en este caso en “Leviatán”, de Paul Auster, siendo la mujer de la que se enamora el protagonista, Peter Aaron. “A Paul Auster” es la simple dedicatoria que Siri incluye en su novela “Todo cuanto amé”, y en sus obras se puede encontrar alguna que otra pincelada dedicada a su pareja.

Además de estas parejas con las que hemos curioseado, podemos encontrar más relaciones entre autores esporádicas, intensas, definitivas… En fin, relaciones de todo tipo, que podremos visitar en otra ocasión, para volver a  sorprendernos con sus detalles.