martes, 28 de diciembre de 2021

"Casa de verano con piscina", de Herman Koch

Marc Schlosser es un médico de cabecera que ejerce en la capital de Países Bajos, Amsterdam, con una extensa carrera a sus espaldas. Tiene cierto prestigio entre sus pacientes y también entre el colectivo médico, y a todo ello suma una larga lista de espera para ser uno de sus pacientes, principalmente por el hecho de que Marc dedica, por norma, veinte minutos a cada uno de ellos.

 

Es muy probable que, leyendo el primer párrafo, te hayas hecho a la idea de que Marc es un médico de vocación, que ama su profesión, y que daría lo que fuese por sus pacientes. Pero ese tipo de personaje lo encontrarías en una lectura mucho más complaciente de lo que es la que traemos hoy. Así que si no está en tus planes una lectura incómoda, lo mejor es que dejes pasar este libro. Realmente no sabemos si es vocación por la medicina real, pero pronto (desde el primer capítulo) nos damos cuenta de que Marc aborrece cada minuto que pasa en su consulta, y que soporta a un número muy reducido de sus pacientes. 

Este peculiar doctor es nuestro narrador y narra en primera persona, así que seremos testigos de una actitud cínica, desgarradoramente sincera y en ocasiones rocambolesca, la que usa para atender a sus crédulos y confiados pacientes. Vive con Caroline, su esposa, y sus dos hijas (la mayor de ella tiene trece años y se está asomando ya a la temida adolescencia). Como afamado médico recibe invitaciones de sus pacientes con cierta periodicidad, y procura rechazar la mayoría de ellas. Estamos de acuerdo con Caroline en que lo contrario sería incompatible con la personalidad de su esposo, sería someterse a una dosis de hipocresía innecesaria. Sin embargo un día recibe en la consulta a un medianamente conocido actor (Ralph Meier) y decide aceptar la invitación para que acuda (con su esposa) a la representación de la obra de Ralph en uno de los teatros de la ciudad.

 

Tras esa aceptación, viene la invitación que da nombre al libro: Ralph invita a Marc, Caroline y a sus dos hijas a acudir durante las vacaciones de verano a la casa que él y su familia alquilarán en una zona costera del Mediterráneo. ¿Irán a esa casa nuestros protagonistas? Bueno… eso es algo que mejor has de descubrir al leer esta obra, aunque ya te adelanto que el dónde, cuándo y cómo son cosas que tienen menos importancia que las que realmente importan en este relato: el qué y el quién.

 

Tengo que decir que comenzar “Casa de verano con piscina” me daba miedo. Tanto miedo que llevo dilatando su lectura desde que fue lanzada (creo recordar que fue en 2011, así que he aguantado 10 años). ¿Cuál es el motivo de que no quisiese leerlo hasta ahora? La lectura de la obra más famosa de Herman Kock: la controvertida “La cena”. He de decir antes que nada que me gustó mucho en su momento, con esa manera de presentar dilemas morales brillante, poniéndonos en el sitio en el que tendríamos que tomar decisiones que marcan vidas, y si seríamos capaces de atenernos a los valores morales y éticos o no…

 

A pesar de gustarme (opino de todos modos que literariamente no es ninguna maravilla)  nació ese temor por una razón: dado que Herman Koch no es un autor, digamos, con un talento literario brillante, y que “La cena” nos pone en un brete ético, solo había dos posibilidades: que en su siguiente obra se repitiese en la estructura y me resultase agotadoramente reiterativo, o que bajase de forma alarmante el nivel (creo que son cosas que suelen pasar, y a veces de forma simultánea) y tampoco me bastase para tener una lectura satisfactoria. Pues bien: estaba en un error.

 

“Casa de verano con piscina” me ha encantado. Y creo, con la comprensible duda del tiempo transcurrido entre las dos lecturas, que me ha gustado en mayor medida que “La cena”. Es una lectura incómoda y adictiva, que crea controversia (mejor dicho CONTROVERSIA, así, en mayúsculas) y en la que en los primeros capítulos nos sorprende el descaro de los pensamientos del doctor, y su ética (o falta de) profesional tan peculiar. Sin embargo a medida que avanzamos nos vamos sumiendo y enredando en una serie de interrogantes que se van sumando sin que nos demos cuenta y que van sumergiendo la lectura en un suspense que comienza de forma sutil y va aumentando hasta finalizar de una forma arrolladora. El ritmo final parece una fuerza de la naturaleza. Irresistible seguir leyendo una página más.

 

El tono ácido de la lectura es lo más destacado. Koch es un tipo inteligente, salta a la vista, y usa esa capacidad para mostrarnos con ironía (y, ¿por qué no decirlo? también muy mala leche) un camino sinuoso y tétrico en el que nos vamos planteando decenas de interrogantes. ¿En qué punto se decanta la balanza entre inocencia y culpabilidad? ¿Qué harías en cada situación que nos presenta, como padre, como hijo, como amigo? ¿Cómo encajar que los seres que queremos pueden no comportarse como pensábamos? ¿Es comprensible actuar de una u otra manera? ¿Es asumible? ¿Podrías vivir con ello? ¿Y si no lo hubieses hecho? ¿Podrías vivir sin haberlo hecho? Son unas preguntas y unas posibles respuestas duras, planteadas (se puede decir que arrancadas) por el autor de una forma descarnada, provocadora, descarada. En muchos momentos me sentí parte de un juego, como si fuese un experimento hecho por el escritor. Y, la verdad, la experiencia fue notable.

 

Creo que en parte es un libro, un tono y un planteamiento que no se puede tomar de otra manera que como una crítica a la sociedad en la que vivimos, a la hipocresía de las relaciones sociales, contado con descaro y aderezado con esas preguntas incómodas que, seguramente, nunca te harías si no leyeses esta obra.

 

También creo que, debido al miedo (temor a la bilis de las redes sociales, temor a la bilis que arrojan los medios de comunicación y a la bilis de los políticos actuales que tensionan más y más con toda la intención de hacerlo) que atenaza a la mayoría en la actualidad y que afecta incluso a la forma de expresarnos (vivimos una censura mucho más intensa y peligrosa que nunca disfrazada de modernidad que hace que la mayor parte de las personas se lo piense muy bien antes de intentar exponer un argumento que no casa con el oficial, con el único pensamiento permitido) hay partes del libro que no se hubiesen podido publicar en la actualidad en los mismos términos. Y tan solo han pasado diez años desde que se publicó.

 

Yo me alegro de que esté publicado como está publicado (quién sabe si con la deriva que llevamos no acabaremos asistiendo de nuevo a la quema de libros en las plazas de los pueblos, pero a día de hoy ese momento no ha llegado, al menos de forma literal) y me alegro de haber estado inmovilizado mentalmente debido a la tensión (en muchos casos desagradable) que me hizo estar pegado a la lectura hasta que llegué al final. Tras acabarlo, como me suele suceder, me regaló la lectura varios días de repensar lo leído, y de hacerme de nuevo preguntas incómodas que cada uno respondemos a nuestra manera. Un libro en el que nada es evidente. De hecho si nos convencemos de que sabemos lo que va a suceder,  nos puede dejar en evidencia. Incómodo. Brutal a ratos. Cínico. Controvertido. Provocador. Aconsejable.