martes, 7 de septiembre de 2021

"El olvido que seremos", de Héctor Abad Faciolince

 

Héctor Abad Gómez fue un médico colombiano nacido en 1921 y fallecido en 1987. A pesar de su título y su profesión, no se encargó de realizar la medicina activa, sino que realizó numerosas campañas de concienciación sanitaria y también estudios para mejorar la salud de los más desfavorecidos de su sociedad, intentando con ello erradicar en la medida de lo posible las enfermedades que campaban a sus anchas en los barrios más pobres de su ciudad.

 

Además, también realizó durante gran parte de su vida labores de docencia. Su empeño en la lucha contra las injusticias sociales a través de ensayos, artículos periodísticos y programas radiofónicos, le granjeó una buena cosecha de enemistades. En su país y en su época, esas enemistades eran muy peligrosas, como ya pudimos comprobar a través de nuestros noticiarios. Además, en la última etapa de su vida decidió dedicarse a la política activa, a sabiendas de que colocar su rostro y su nombre en un cartel de candidato a la alcaldía de Medellín venía siendo equivalente a colocarlo en una diana. A pesar de ello, por sus profundas convicciones, todas y cada una de las cosas enumeradas las realizó con la mayor pasión de la que pudo echar mano.

 

Los valores de los que hablamos (si te decides a leer el libro supongo que llegarás a considerarlos, como no puede ser de otra manera, admirables) le llevaron a ganarse desde muy joven el odio de lo que en España llamamos derecha y la admiración de lo que aquí llamamos izquierda. En un mundo tan dividido como aquél unos y otros eran enemigos irreconciliables y los baños de sangre eran continuos. A pesar de estar en un continente diferente y en una época tan diferente y también a pesar de que afortunadamente la sangre no ha corrido en España, la situación política era en cierto modo similar, ya que parece haber dos bandos que consideran a los que no son del propio simplemente enemigos. Y, a lo largo de su vida y por no ceder en sus creencias, Héctor Abad Gómez logró ser considerado enemigo primero de unos, luego de los otros, y luego de ambos. O sea, Abad era militante de un tercer y diminuto bando que no se pliega a la tiranía de los otro dos (el adecuado entonces y el adecuado ahora).

 

Como el autor de la biografía novelada que supone “El olvido que seremos” señala, seguramente el hecho de estar en medio de esas dos ideologías tan radicalizadas lo colocase en el exiguo espacio de los que tienen razón y siguen verdaderamente sus convicciones y no los mandatos de sus colectivos. Esa terca defensa de sus ideas lo llevaron a lo que parecía inevitable: Héctor Abad Gómez fue asesinado en plena calle, tiroteado por un par de sicarios; un final similar al de miles de personas, cuyos nombres se pierden en la memoria. Que son olvido.

 

Héctor Abad Faciolince, uno de sus hijos (el único varón) echa mano de uno de los versos escritos por Borges para titular el libro que, seguramente, tenía que escribir y que pretende evitar o postergar lo que parece inevitable: que la figura de su padre pase al olvido. Para ello rememora de una forma amena y (no es descabellado pensarlo y es comprensible) un tanto idealizada los recuerdos que conserva con su padre desde su nacimiento (del escritor) hasta la muerte (del padre). Dicho de esta manera, seguramente parezca un libro cualquiera: un hijo habla de su padre, y nos cuenta su vida, que puede llegar a ser considerada en algunos momentos monótona o aburrida.

 

Sin embargo, desde las primeras páginas “El olvido que seremos” no supuso para mí un libro aburrido, ni una lectura convencional o destinada para pasar el rato. No. Es, para mí, mucho más. Los valores que, descritos por su hijo, poseía Héctor Abad lo colocan como uno de los más admirables personajes de la Literatura, sea o no sea esa imagen cercana a la realidad (yo quiero y necesito creer que sí). Además, el AMOR con el que habla su hijo es descomunal y desgarrador, un amor heredado de un padre que lo usaba cada día de su vida, ya fuese con su familia, con amigos, o con desconocidos que necesitaban de él de alguna u otra manera. Un amor inolvidable y que debería estar en nuestras vidas en mucha mayor cantidad.

 

Así, recorriendo la vida y hechos de un personaje que, por sus valores inquebrantables, vino siendo para mí como husmear y curiosear en la vida de un Atticus Finch del siglo XXI (por el momento en el que se publicó en libro, no por los hechos narrados) mientras vamos recogiendo frases y pensamientos subrayables, algunos aportados por los escritos del padre y otros llegados de la certera pluma del hijo, que finalmente y con mucha ayuda de sus padres llegó a ser el escritor que quería ser. Y que sin duda merecía ser, por el talento demostrado.

 

Además, he de decir que me sentí grata y sorpresivamente identificado en muchos momentos con la forma de pensar no del padre (ya me gustaría) sino del hijo. De acuerdo con decenas de pensamientos expresados de una manera bella y eficiente, que, creo, merecen la pena ser leídos aunque sea tan solo para abrir un poco nuestra mente, algo que parece imprescindible en estos tiempos. “El olvido que seremos” es posible que no sea literariamente una gran obra. Pero no me voy a privar de decir que la forma en la que está escrito (desde un lugar donde el alma se desgarra) me regaló una lectura muy emotiva y emocional que desde las primeras líneas se ganó un hueco en mi corazón. Ahí guardaré el recuerdo tanto de un padre inolvidable (el que muchos querríamos ser) como de un hijo al que merece la pena leer.

 ⭐⭐⭐⭐⭐