jueves, 13 de abril de 2017

"Ardiente secreto", de Stefan Zweig

Un joven y un tanto frívolo barón decide pasar parte de sus vacaciones en un lujoso hotel balneario en la localidad austríaca de Semmering. Pronto cae en el hastío dado que sus expectativas habían sido puesto mucho más altas. Tras conocer a Matilde, una hermosa dama que se aloja con su enfermizo hijo Edgar en el hotel, decide concentrar todos sus sentidos en seducirla.

Para lograr su objetivo entabla inicialmente amistad con el pequeño Edgar. El niño está en una etapa en la que precisamente comienza a aborrecer el hecho de ser niño, y descubre con asombro los sentimientos que  se agolpan en su mente. El recibir la atención del barón cambia su visión de sí mismo y de todo su entorno, causando el nacimiento de una irresistible ilusión por ser considerado mayor de lo que realmente es. Edgar realmente se siente embelesado por la personalidad del joven, que lo arrastra de un modo fascinante al lugar al que quiere pertenecer.

 Sin embargo, los acontecimientos que se van sucediendo una vez el barón logra su objetivo, que no es otro que tener acceso a una indecisa, un tanto desencantada (y que ve en el joven su última oportunidad de sentirse joven y deseada) y dubitativa Matilde harán que Edgar cambie radicalmente su visión tanto del barón, como de su madre, como de la sociedad en general e incluso de sí mismo. Creo que en este punto es importante no desvelar más detalles sobre una trama aunque, realmente, no es lo más importante del relato.

Y es que, como nos tiene acostumbrados, el maestro austriaco de las letras sorprende con el desarrollo de las emociones humanas con las que impregna cada página. Tiene un dominio abrumador del interior del individuo, y es capaz de hacer que seamos partícipes del desarrollo psicológico que nos presenta de una forma brillante.

Como sucede en la totalidad de su obra, nos regala una exquisita prosa en la que va dando sus pinceladas maestras en la que nos ofrece un realista retrato de las emociones y los sentimientos humanos. Como también es una costumbre en sus relatos, estamos ante un libro intenso y concentrado, que en tan solo 120 páginas consigue ofrecernos mucho más que la obra entera de la mayoría de los autores.

Si sigues esta página sabrás de nuestra predilección por este artesano de la palabra, por el arrollador talento de Stefan Zweig. De su cabeza salieron historias muy sustanciosas, con un nivel que tan solo puede alcanzar un elegido. Tal y como lo era el autor austriaco, el cineasta Stanley Kubrick poseía ese talento en su campo. Se da la circunstancia de que "Ardiente secreto" fue una de las historias elegidas por el director estadounidense y en 1956 presentó una secuencia de comandos basada en la obra. Desafortunadamente nunca se llegó a realizar, y se nos privó con ello del resultado de la fusión de dos enormes talentos.


En el momento de su publicación (hace ya más de un siglo) tanto la novedosa temática como su estructura resultaron revolucionarias y la obra fue generosamente elogiada por la crítica. Es curioso que, habiendo pasado ya tanto tiempo, siga conservando esa frescura y siga resistiendo el paso de este siglo sin que llegue a resultar anacrónico. Se podría decir que, en su justa medida, sigue sorprendiendo a los lectores. Es absolutamente recomendable, como todo lo que, afortunadamente, he podido leer de Stefan Zweig.

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