sábado, 14 de abril de 2018

Best Seller


Cuando leemos el término “best seller” probablemente nos venga a todos a la mente algo similar: un libro destinado a ser leído por miles o incluso millones de personas en un corto período de tiempo sin más pretensiones que el entretenimiento, y el pasar páginas de una forma adictiva. Además, tiene la capacidad de hacer que los lectores no habituales retomen temporalmente el hábito de leer.

Sin embargo, esta connotación no siempre fue la principal y más extendida. El concepto al que nos referimos fue acuñado hace ya bastante tiempo, a finales del Siglo XIX. Por aquel entonces  se refería exclusivamente al significado literal de la expresión, es decir, “más vendidos” o “superventas”. Así que, para considerar una publicación así solo habría que mirar cuántas ediciones se habían editado de ese texto.


En la década de los 40 el diario The New York Times decidió elaborar semanalmente una lista de los libros más vendidos en las librerías del país norteamericano, y la llamó “The New York Times Best Seller List”; pronto se hizo popular y un referente en cuanto a las publicaciones a seguir (y lo sigue siendo) y se extendió e instauró definitivamente el concepto de “Best seller” tal y como lo conocemos. Además, desde entonces se toma prestado también el mismo concepto para señalar el éxito en lo que se refiere otros productos, como pueden ser discos de música o videojuegos.

Además de relacionar el concepto que hoy visitamos con el entretenimiento más puro, también es posible que la primera impresión que nos produzca un libro catalogado como “best seller” es la de una acentuada carencia de calidad literaria, e incluso contrario a la misma. ¿Está ajustado a la realidad? Creo que hay suficientes ejemplos capaces de echar por tierra esa teoría, que habiendo sido los más vendidos también son libros que aportan mucho a la Literatura.

Aunque la de la calidad literaria es una batalla en la que es difícil ponerse de acuerdo, intentaremos aportar algún ejemplo de libro que ocupó los puestos más altos de las listas de ventas y además se convirtió en un referente. El primer caso que vamos a recordar es el de “El guardián entre el centeno”, de J.D. Salinger, que fue un éxito desde bien pronto y que todavía, tantas décadas después de su lanzamiento, sigue vendiendo a lo largo y ancho del mundo unos 250.000 ejemplares anuales.

Un caso similar es el del éxito de Harper Lee “Matar un ruiseñor”, con el que la autora consiguió el Premio Pulitzer de novela y se convirtió en un clásico inmediato, aportando un personaje ejemplar para todas las personas como es el protagonista del libro, Atticus Finch. Miles de institutos de todo el mundo lo tienen como una lectura recomendada, aunque debería de ser recomendada para todos y cada uno de los lectores.

Los ejemplos que acabamos de visitar nos sirven como muestra para una de las variantes que podemos encontrar en los conocidos como best seller: se trata del concepto de Longseller, ese tipo de libros que diez años después de su lanzamiento siguen manteniendo un alto nivel de ventas. Es difícil alcanzar ese estatus, ya que tan solo un puñado de libros son capaces de vender unidades cada año en diferentes ediciones y convivir con éxitos que se olvidan prácticamente en unos meses. Sin embargo, son una apuesta segura para los libreros que deciden ponerlos en sus estanterías y además suelen llegar a convertirse, en un porcentaje interesante, en clásicos de la literatura.

Hay otro concepto más reciente y es aquél en el que un best seller rompe con la mayoría de las cifras de ventas en sus apariciones, y que habitualmente traen consigo secuelas que aprovechan el tirón de su éxito: se trata del Megaseller, y si echamos la vista a los últimos años podemos encontrarnos con la saga de Millenium, la incombustible saga de libros creada por J. K. Rowling y su universo fantástico en el que desarrolla su magia Harry Potter, o el tirón erótico que introdujo en el mercado la saga iniciada con “Cincuenta sombras de Grey”.

Muchos de estos libros se convierten en un éxito inesperado, ya que en sus primeras ediciones recibían una acogida tibia que, ya sea por el boca a boca o (como en los últimos años) por el efecto que tienen las redes sociales y que los aúpan prácticamente de una semana a otra. A su lado, encontramos a autores que suponen un éxito asegurado publiquen lo que publiquen, ya que hay cientos de miles de lectores deseando leerlo en cuanto salen a la venta. Dan Brown, Ken Follet, Stephen King y otros muchos escritores salvan las cuentas de sus editoriales por mucho tiempo en cuanto se deciden a publicar.

En un mundo tan dedicado a los mercados como el que vivimos tiene mucha influencia la forma en la que nos llegan las cosas. Así, la editorial que pretende que uno de sus libros se convierta en best seller ha de seguir unas pautas concretas, independientemente de que tenga éxito su estrategia o no. El propio hecho de leer en la portada de un libro el término del que hablamos lleva a muchos lectores a hacerse una idea de que será un libro sin complicaciones, del que se olvidará probablemente en cuanto lo acabe de leer y, tal vez, sea lo que busca en esos momentos. Hay otro tipo de estrategias que tienen un éxito inmediato, y que convierten a algunos libros en el siguiente término que vamos a visitar: un fast seller.

Por poner un ejemplo, hay personajes públicos con un poder de atracción extraordinario (de nuevo volvemos a las redes sociales y hay personas que tienen cientos de millones de seguidores); en este ejemplo voy a imaginar que uno de los deportistas más famosos y con mayor número de  seguidores publica una fotografía en su estupenda y perfecta vivienda sentado en una butaca maravillosa, con un libro entre sus manos. Es más que probable que, de leerse con claridad dicho título, en los siguientes días desaparezca con rapidez de las estanterías de muchas librerías. Creo que es un ejemplo perfecto para definir el fenómeno de fast seller.

Como podemos suponer, un libro puede ser etiquetado como varias de las definiciones (anglosajonas todas hasta el momento) que estamos visitando. Así, un libro de Ken Follet puede ser un best seller, un fast seller, un long seller, un megaseller e incluso crear vocablos nuevos para definirlo.

En un término que, hoy en día, tiene el prestigio muy limitado, podríamos englobar como best seller a autores como Miguel de Cervantes, Shakespeare, Dumas, García Márquez, Verne… y ver en una lista conjunta libros  tan dispares como lo son “El principito”, “El padrino”, “El hobbit”, “Love story” o “El código Da Vinci”. Como vemos, un concepto mucho más heterogéneo de lo que presumimos a simple vista.

En cuanto a qué se necesita, hablando de cifras, para que un libro sea considerado un best seller, las cifras son tan variantes que sería absurdo centrarse en tan solo una. De hecho, dependiendo del país del que hablemos las cifras varían de una forma asombrosa. Por poner algún ejemplo diremos que “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha” vendió en toda la historia unos 500 millones de ejemplares, y “Harry Potter y la piedra filosofal” vendió unos 120 millones de copias en tan solo veinte años. También hemos de tener en cuenta de que el libro (oficiosamente) más vendido es “La Santa Biblia”, con 3900 millones de copias.

Esperamos que estos datos te hayan producido unos minutos entretenidos y hayas disfrutado de las curiosidades que trae tras de sí un concepto tan usado y tan manido como el de best seller y que, en caso de ser real (el porcentaje es pequeño) convierte al autor en un afortunado artesano de la escritura que podrá vivir de ese trabajo.

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