lunes, 17 de septiembre de 2018

"El ruiseñor", de Kristin Hannah


Vianne Mauriac vive una apacible vida en el pequeño pueblo de Carriveau, en donde ha formado una familia con Antoine, su marido, y su hija. Ante ellos se cierne una nube en la que los rumores de que el horror que trajo la Gran Guerra hace dos décadas y que llegó a resquebrajar el mundo puede tener su continuidad tras la escalada bélica que inició la Alemania de Adolf Hitler y que amenaza con llegar a su país. La generación de sus padres hubo de sufrirla y Vianne es consciente de cómo la guerra cambia para siempre a las personas, teniendo el mejor ejemplo en la figura de su propio padre.

Hace años que su padre vive en París, y comparte vivienda con Isabelle, la impetuosa hermana de Vianne. A pesar de la incredulidad de nuestra protagonista ante el hecho de que los alemanes quieran invadir Francia, Antoine es enviado al frente. Desde ese mismo momento la vida de toda su familia cambia, y cada uno de ellos habrá de afrontar los hechos que se desarrollarán a su manera. La falta de medios debido al expolio sufrido por su país se hace cada vez más asfixiante, y lo que Vianne había proyectado como una vida llena de felicidad y tranquilidad se convierte en una pesadilla en la que habrá de hacer lo que sea por su supervivencia y, sobre todo, la de su hija Sophie.


Entre cartillas de racionamiento y el miedo a ser señaladas con el dedo por cualquier motivo y, con ello, ser llevadas lejos de su tierra, las hermanas deciden afrontar el porvenir juntas. El carácter impulsivo de Isabelle choca (siempre lo hizo) una y otra vez con el talante más sereno y maduro de su hermana, y la búsqueda de cualquier alimento con el que pasar el día se alternará con un conocimiento más profundo entre ellas.

Al leer el argumento del libro me pareció interesante, ya que prometía contar la Segunda Guerra Mundial desde una perspectiva poco manida, la de las personas (en su mayoría mujeres) que están lejos del frente y que han de enfrentarse a un enemigo muy diferente. Y el inicio del libro, que fue un arrollador éxito de ventas hace un par de años, es deslumbrante en ese aspecto, ya que consigue aportarnos datos mientras devoramos las páginas una tras otra.

Sin embargo, al contrario que a la mayoría de los lectores que se acercaron a esta obra y que, por la impresión que tengo, quedaron entusiasmados por ella, no me logró llenar la lectura de “El ruiseñor”. Ese interés inicial se fue difuminando hasta que tuve la sensación de que la lectura se había convertido en una sucesión de hechos, a cada cuál más desgraciado y más doloroso. Y es que la dureza de la narración resulta lo más destacable de la lectura del éxito de Kristin Hannah.

Si te decides por la lectura de esta obra, es muy probable que acabes en numerosas ocasiones en el corazón en un puño, por la dureza de los hechos que acontecen en Carriveau, y sin duda tomarás cariño a las mujeres que forman la historia, una historia difícil de olvidar.