domingo, 11 de junio de 2017

"Las batallas en el desierto", de José Emilio Pacheco

Carlos decide revisitar su infancia, y con ello nos otorga la oportunidad de asistir a la descripción de una época y una realidad concreta: la ebullición que se vivía en el país y la ciudad de Méjico (México) tras la Segunda Guerra Mundial. En esta sociedad en la que nada se da por imposible y se ve con ilusión el futuro a corto, medio y largo plazo, los recuerdos de Carlos funcionan como pinceladas de un certero retrato social.

El espacio en el que nos sitúa es en la Colonia Roma, un barrio venido a menos tal y como la propia familia de Carlos. Su padre posee una fábrica de jabón tradicional, que vislumbra ya un cercano cierre por el descenso de las ventas. La fábrica funciona como una estupenda metáfora de lo que se vivía en el momento, con una sociedad hambrienta de novedades y de adquirir los productos que asoman por las pantallas del llamativo y atractivo país vecino, y que por aquel entonces comenzaban a extenderse (en una expansión de la “cultura” y mercadeo estadounidense que todavía perdura).


Carlos nos enseña los juegos a los que las pandillas dedicaban sus días (el más específico es el que da título a la novela, en el que jugaban a batallas entre los escombros como si fuese Oriente Medio); la reticencia de la madre de nuestro protagonista a relacionarse con personas “que no están a la altura de nuestra clase” hace que tenga pocos amigos. De todos ellos Jim es el mejor, aunque tampoco sea del agrado familiar.

Jim habla siempre de un padre ausente por motivos de trabajo, aunque todos saben que la ausencia es absolutamente permanente. La profunda amistad que nace entre ambos niños es base en el argumento de esta cortísima novela, y el encuentro con Mariana, la madre de su amigo, es el hecho que hace a Carlos volver la vista a varias décadas atrás.

Como decíamos al principio, la sociedad es descrita de una manera acertada, con un gobierno en problemas (el de Miguel Alemán) y una (doble) moral que al mismo tiempo se ciñe al rigor católico tradicional y a la deslumbrante apertura de nuevas miras. La corrupción generalizada es también descrita como un problema que fue, es y será noticia durante muchos años.

“Las batallas en el desierto” nació como una publicación en un suplemento semanal del periódico “Unomásuno” en 1980. Tal fue su aceptación, que un año más tarde fue publicado como la novela corta que consiguió deleitar desde entonces a varias generaciones. A mí personalmente me hizo desear leer mucho más de un José Emilio Pacheco que no estaba en la lista de mis autores conocidos, pero que ya forma parte de mis entrañables recuerdos.

Su narración sencilla, que escapa de florituras y muestra una agilidad envidiable, hace que “Las batallas en el desierto” sea una lectura recomendable para todas las edades. Es una historia que, para mi gusto, sería un buen punto de partida para una buena película. De hecho, se da el caso de que “Mariana, Mariana”, una película comercializada en 1987, está basada en una historia tan encantadora como la que hemos visitado hoy.





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