viernes, 25 de diciembre de 2015

Navidad

Estos días en nuestra cultura tienen un significado especial; independientemente del sentido religioso de la celebración de la Navidad, se ha formado una tradición en la que las reuniones familiares tienen un papel preponderante. Cada año se viven en millones de hogares rituales que son vividos con especial sentimiento por muchas personas. También en estos días se encuentra un hueco para recordar a esas personas que ya no nos acompañan, aunque en este caso los recuerdos positivos han de ser los que invadan nuestro pensamiento.

Como toda tradición, la que nos ocupa hoy se ha venido nutriendo de una especie de collage  de diferentes costumbres (hay que recordar que el 24 de diciembre fue una celebración pagana antes de que la religión católica situase el nacimiento de Jesús de Nazaret en dicha fecha, y en la que se celebraba que el Sol por fin vencía a la noche y los días comenzaban a aumentar su presencia) que se fueron acoplando en diferentes fechas, y que con la llegada de los medio audiovisuales sufrió (y sigue sufriendo) una transformación vertiginosa.

Como corresponde a esta página, hoy nos queremos acordar de esta fecha concretamente con lo que tiene que ver con la Literatura, y cómo grandes (y no tan grandes) escritores han aportado su grano de arena para hacer que estos días sean para nosotros tan especiales. Uno de los grandes libros que probablemente a todos nos venga a la mente en cuanto pensamos en la Navidad, es “Cuento de Navidad” (“A Chistmas Carol”) de Charles Dickens. De hecho, este libro es uno de los precursores del renacimiento de la celebración de las tradiciones navideñas en su país en el Siglo XIX, y por lo tanto también una pieza importante en lo que significa para nosotros hoy en día. El personaje de Ebenezer Scrooge y su talante avaro, egoísta y antipático sufre una transformación con la visita durante la víspera de Navidad de diferentes espíritus.

Cada una de ellos le aporta una visión de su persona, y le ayuda a buscar en su interior y las imágines que le muestran el Fantasma de las Navidades Pasadas, el Fantasma de las Navidades Presentes y el Fantasma de las Navidades Futuras supone un punto de inflexión en el desagradable personaje. De hecho, al despertar en la mañana de  Navidad de lo que finalmente había sido un sueño,  se convierte en otra persona opuesta de la que había sido hasta entonces, y procura que las personas que le rodean se vean beneficiadas por su presencia y su actitud.

Este libro sirvió de inspiración a multitud de obras de teatro y películas que nos visitan cada año en nuestras sobremesas, y como decíamos antes, forman parte prácticamente imprescindible ya de una tradición que es una suma de tradiciones.

Una de las figuras que en los últimos años se ha incorporado a nuestras celebraciones, y sin duda uno de los personajes más entrañables para las personas de menor edad de nuestros hogares es Santa Claus (Papá Noel, San Nicolás, etc.). Aunque el aspecto que todos conocemos de este personaje es achacado a una campaña publicitaria desarrollada durante la década de los 30 por una conocida marca de refrescos, la mayor parte de las particularidades del entrañable humano que fue criado en un mundo de fantasía las reunió L. Frank   Braun (que pasó a la posteridad como autor de “El mago de Oz) en 1902. El mundo de fantasía que ilustró Braun nos trae elementos como los Renos, la fábrica de Juguetes, el árbol de Navidad que se repiten en todas las representaciones que conocemos de Papá Noel.


 No sería justo dejar de mencionar que Braun se sirvió de antiguas historias para crear ese mundo, y una de ellas es la publicada en 1823 por Clement Clarke Moore y que llevó como título “Una visita de San Nicolás”, que cuenta en verso la historia de la noche antes de Navidad (el título original es “The night before Christmas”) y cómo este personaje a las riendas de un trineo tirado por renos deja regalos a los niños en los calcetines que a tal efecto han sido colocados. Como curiosidad, hay que decir que Moore imaginó a su personaje vestido de rojo.


Hay autores a los que la propia Navidad ha cambiado la vida. Por ejemplo, el autor estadounidense Richard Paul Evans trabajaba como publicista y decidió escribir para su familia y concretamente para sus hijas “La caja de Navidad”, editando él mismo una tirada que prácticamente se podría contar con los dedos de las manos. Sin embargo, en poco tiempo se convirtió en un tremendo éxito que se nutrió de los sentimientos que se despiertan en estas fechas. Tras ese éxito, Evans sigue revisitando las tradiciones navideñas y tiene en el mercado libros como “El regalo de Navidad” “El don” o “Buscando a Papá Noel”.

El mundo de fantasía en el que se apoyan los anteriores autores tiene en J. R. R. Tolkien uno de sus mejores embajadores. De hecho, de su imaginación salieron cientos de personajes tan inolvidables como los que forman la obra “El señor de los Anillos”. Además de diseñar la Tierra Media y otros mundos imaginarios, el autor británico (nacido en Sudáfrica) también tenía especial predilección por el tema que visitamos hoy. De hecho, cada Navidad dedicaba su talento a un motivo muy especial: desde 1920 hasta 1943 les dedica a sus hijos cartas enviadas por Papá Noel, en la que narra sus aventuras en las que gnomos y elfos no podían faltar. Tres años después de la muerte del autor, esas cartas fueron recopiladas y fueron publicadas con el título “Las cartas de Papá Noel”.

También es recordado el personaje que contradice al espíritu de la Navidad y que el Dr. Seuss creó como una crítica al consumismo que en algunos casos se desata en estas fechas. “¡Cómo el Grinch robó la Navidad!” narra la historia de un personaje huraño y cuyo cuerpo está cubierto de pelo verde con un corazón “dos tallas menor” que decide robar todos y cada uno de los regalos de Navidad del pueblo más cercano. Sin embargo, el asistir al hecho de que, a pesar de faltar los esperados regalos, las personas del pueblo no renuncian al bienestar que produce el dedicar estas fechas a agradecer a nuestros semejantes el compartir nuestros días le hace modificar su conducta… y provocan que su corazón multiplique su volumen por tres.

En estas líneas intentamos poner unos ejemplos de lo que la Literatura ha aportado a nuestra costumbre de celebrar estos días. Son tan solo unos pequeñas migajas que nos aportan una visión de que la tradición tan bella que nos invade en estos días está producida por multitud de aportaciones que vienen de diferentes fuentes. Además, me sirve para desear que todos los que dedicáis unos minutos de vuestro tiempo a leer estas líneas lleguéis a disfrutar estos días como los mejores de vuestra vida, y que ese beneficio aumente a medida que transcurren los días.


Espero también que os invada ese sentimiento que se produce desde el primer momento, ese momento en el que la primera bola del árbol de Navidad es colocada por las personas amadas que forman el HOGAR que ha de regir nuestras vidas. Feliz Navidad.

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