sábado, 12 de septiembre de 2015

Dedicado a ti

Es difícil expresar qué significa para un lector el poder disfrutar de la dedicatoria de puño y letra de su autor favorito en uno de sus ejemplares. Sin duda ese hecho convierte en un libro en algo más que un libro, algo cercano a un tesoro personal, que va mucho más allá de lo material. Los que yo tengo la suerte de disfrutar, al menos para mí, representan otra categoría dentro de mi biblioteca.

En un hecho tan cotidiano el autor pone parte de su cariño en escribir unas líneas que van a enriquecer el abanico de sentimientos que provoca en el lector lo que su talento y trabajo han producido. Antes de que ese libro haya sido impreso, el autor probablemente haya dedicado su escritura, su publicación, su obra, a una o varias personas. A ese tipo de dedicatoria tan especial vamos a referirnos hoy.

Y es que, como lectores, asistimos a esas declaraciones que suelen colocarse antes del inicio de la lectura, y que tienen mucha historia detrás de unas cuantas palabras. En ellas vemos agradecimientos más o menos originales, en el que esposas, esposos, madres, padres, hijos o amigos son agasajados sinceramente por haber contribuido o inspirado al escritor o escritora en mayor o menor medida en la elaboración de su trabajo.

Como es evidente, podríamos citar tantos libros y tantas dedicatorias dignas de ser mencionadas, hay que decir que en estas líneas vamos a incluir algunas simplemente como ejemplos de gusto y emoción dispares. Si os parece, empezamos por esas dedicatorias que parecen salir del alma del autor hacia un ser querido.

Entre ellas podríamos mencionar las dedicatorias que José Saramago dedicó a Pilar del Río, traductora de sus obras al castellano y esposa en sus últimos años, a la que dedicó frases en sus libros como “A Pilar, hasta el último instante”, “A Pilar, todos los días”, “A Pilar, mi casa”, “A Pilar, que todavía no había nacido y tardó tanto en llegar”, “A Pilar, que no dejó que yo muriera”, o “A Pilar, como si dijera agua”. Una bonita historia de amor, de dos personas que se supieron reconocer (aunque ya con la vida avanzada) como almas gemelas, y que quedarán en el recuerdo en cada una de esas dedicatorias.

También podemos incluir en este grupo la mención que la autora Elvira Lindo escribió a su marido, Antonio Muñoz Molina. La dedicatoria que incluyó en el libro “Algo más inesperado que la muerte” decía literalmente “Para Antonio, con amor y gratitud”; el aludido decidió devolver dicha dedicatoria en su obra “El viento de la luna”, y en dicha obra escribió: “Para Elvira, que tanto lo quiso”.

Más curiosa es la historia de amor que hay detrás de la publicación de “El amor en los tiempos del cólera”, de Gabriel García-Márquez. En ella escribió “Para Mercedes, por supuesto”. Por supuesto, se refería a su esposa Mercedes Barcha, con la que contrajo matrimonio en 1958, y junto a la que compartió su vida hasta el último día. La hermosa historia de amor (según el propio autor está  basada en el amor de sus padres, aunque añadiendo la separación que sufren los amantes a raíz de un artículo periodístico) quedará para siempre marcada por esa frase.

Sin embargo, hay otra curiosidad detrás de ese libro. El genial escritor pasó unos años durante su soltería en París trabajando como corresponsal, y en dicha ciudad entre muchas penurias económicas tras el cierre del diario para el que trabajaba pasó nueve apasionados meses con Concha Quintanar, actriz española  apodada “Tachia”. En la edición francesa del libro al que nos referimos, la dedicatoria es sustituida por la dedicatoria (conocida y aceptada por Mercedes, que se haría amiga de Concha) a su amante española.

Para terminar con estas dedicatorias de amor explícitas, hemos de incluir la simpatía que demostró Shannon Hale  al publicar “Austenland”: “Para Colin Firth, eres un gran tipo, pero estoy casada, así que creo que deberíamos ser solo amigos”.

También podemos encontrarnos a autores que se acuerdan de personas que no confiaron en ellos, o simplemente son consideradas por ellos como contrincantes. El autor Tobias Wolf escribió “Vida de este chico” de forma autobiográfica, y en dicha obra sufre la ira de un padrastro que lo maltrata habitualmente, tanto psicológica como físicamente. De él se acuerda en la dedicatoria del libro (que se convirtió en un éxito e incluso es una lectura casi obligada en los centros escolares de su país) y escribe: “Mi primer padrastro solía decir que con lo que yo sé no se podría llenar un libro. Pues aquí está”.

El ganador del Premio Nobel de Literatura Camilo José Cela también mencionó (en este caso sin nombrar a nadie en particular) a aquéllos que pusieron alguna traba en su carrera. Al publicar “La familia de Pascual Duarte”, el autor gallego dedicó el libro “A mis enemigos, que tanto me han ayudado en mi carrera”. Me parece una buena forma de redimirse ante las personas que él consideraba le habían perjudicado. Más curioso es el enemigo que encontró el autor que escribió “A Enrique Jardiel Poncela, mi mayor enemigo, con la adhesión, la simpatía y el afecto de Enrique Jardiel Poncela”.


Si para una persona es un honor ser nombrado por un autor que por amistad, cariño o amor decide incluirlo en su dedicatoria, algo similar ha de sentir aquel que recibe la mención en el desempeño de sus funciones. Así, en “El palacio de las blanquísimas mofetas” el autor Reinaldo Arenas decidió incluir “A Tomás Fernández Robaina y Paco Chávarri, empleados (entonces) de la Biblioteca Nacional, gracias a quienes pude consultar las revistas y periódicos aquí citados”. Estoy seguro de que Tomás y Paco guardaron el ejemplar del libro como oro en paño. Otra persona que ha sido nombrada, en este caso en varias ocasiones, por su buen desempeño de la labor profesional que ejerce es Carmen Balcells.

La prestigiosa agente literaria, muy apreciada por los escritores por sus logros evitando antiguos abusos de las editoriales, tiene el honor de haber representado a seis ganadores del Premio Nobel de Literarura: Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Miguel Ángel Asturias, Vicente Aleixandre, Camilo José Cela y Pablo Neruda. En el tema que nos ocupa, el de haber sido mencionada por autores en las líneas dedicatorias, fue nombrada por al menos tres de ellos: García Márquez empezó su “Del amor y otros demonios” con “Para Carmen Balcells, bañada en lágrimas”; también la conocida autora Isabel Allende se acordó de la reputada agente, cuando incluyó “Para Carmen Balcells y Ramón Huidobro, dos leones nacidos el mismo día y vivos para siempre”  al inicio de “Retrato en sepia”; por último, Eduardo Mendoza se refirió a ella como “A Carmen Balcells, agente, regente y cómplice” en su “Mauricio o las elecciones primarias”.

Por último vamos a nombrar alguna curiosa, como las dejadas por Charles Bukowski, siempre con acidez en sus palabras: “Dedicado a la mala escritura” adornaba el inicio de “Pulp” y con “Esto se presenta como un libro de ficción y no está dedicado a nadie” fue incluido en el inicio de “Cartero”. “Esto no es para ti” es la chocante dedicatoria que incluye a todos los lectores y que el autor Mark Danielewski  plasmó en “La casa de las hojas”. No dejaremos aprovechar la ocasión de utilizar la despedida que utilizó Cyril Collard, enfermo de SIDA en el momento de la escritura de “Las noches salvajes” y que falleció al poco tiempo, que dejó escrita una despedida “A mis hijos, que sin duda alguna, nunca nacerán”.


Esperamos que hayáis disfrutado con los ejemplos hoy recordados y os hayan hecho recordar otras dedicatorias que se quedaron en vuestra memoria, tal y como era la intención del autor en su momento. También es posible que os haga pensar en una la dedicatoria que incluiríais en un hipotético libro publicado por vosotros.

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