domingo, 15 de diciembre de 2013

Portadas similares

A lo largo de los últimos años se puede observar que el diseño de la portada de un libro ha venido adquiriendo más importancia. Una buena imagen  puede llevar a un libro discreto a acercarse a la estantería de libros más vendidos y, por el contrario, una mala portada puede alejar a una buena cantidad de lectores de decidirse por un buen libro.

Como decíamos, es una costumbre más bien reciente, ya que seguramente a todos nosotros nos vengan a la mente grandes obras de la Historia de la Literatura con una portada sencilla o, simplemente, cuya portada se ve limitada al título escrito en sobria fuente caligráfica bajo el nombre de su autor.


Hoy en día es extremadamente complicado encontrarnos en una librería un libro con una portada descuidada entre las novedades a la venta, aunque no es tarea imposible. De la misma manera, hay portadas de libros publicadas hace décadas que todavía permanecen en la mente de los lectores.

Me permitiré incluir entre las últimas la preciosa ilustración con la que se suele adornar la igualmente hermosa historia de Antoine De Saint-Exupery, o sea, “El principito”. La mayoría de ellas aprovechan la estética que imaginó el propio autor y que plasmó en sus acuarelas.

Por otro lado, debido a que los derechos de publicación del libro suelen ser adquiridos por diferentes editoriales, es común que el mismo libro sea puesto a la venta con multitud de portadas diferentes, dependiendo del país en el que se publique. Incluso el mismo libro en el mismo país puede llegar a ser vendido con distintas portadas, dependiendo de la edición de la que se trate.

También resultó un acierto la portada que recibió el libro más notable de Francis Scott Fitzgerald, “El Gran Gatsby”. Se tituló “Ojos celestiales”, y fue realizada por el español Francis Cugat, habitual ilustrador de los carteles de éxitos de Hollywood de los años veinte y hermano del famoso Xavier Cugat. Sin embargo, tan acertado diseño no valió a este libro para conservar la ilustre cubierta, y a lo largo de los años se fueron sucediendo diferentes diseños, unos más acertados que otros.

A todos nos salta a vista la similitud entre portadas de diferentes libros, una similitud que a veces se lleva demasiado lejos. Más allá de esas similitudes hay libros de diferentes autores y de diferentes países que llegan a compartir portada, principalmente por estar ilustradas por una obra de arte común.

Una de esas obras que suelen ser utilizadas por diferentes autores es la obra de Edward Hopper “La habitación de hotel”,  óleo pintado en 1931 en la que se puede ver una bucólica figura femenina sentada sobre una cama. Dicha imagen fue utilizada desde la Editorial Planeta para ilustrar la portada del premio de 1989 “Queda la noche” (de Soledad Puértolas), y para multitud de escritores de diferentes nacionalidades, incluyendo a Arthur Miller, aprovechando la sensación de soledad que imprime el cuadro. El cuadro puede ser visto en el madrileño museo Thyssen-Bornemisza.

Un caso similar se da con el cuadro realizado también usando la técnica de óleo “Mujer joven vistas de espaldas”, pintado por Vilhem Hammershoi en 1904, y que se encuentra en el danés Randers Kunstmuseum. Con dicha figura, también femenina, editores de todo el mundo pretenden llamar la atención de los lectores hacia el libro y el escritor con el que comparten portada. De nuevo la Editorial Planeta decidió utilizarla como imagen de otro de sus premios, en este caso del premio del año 2001, “La canción de Dorotea”, de Rosa Regás. Es una icónica imagen que transmite ciertas sensaciones que también fueron aprovechadas para llenar las portadas de infinidad de libros en multitud de países.

Incluso autores tan exitosos en la actualidad como Haruki Murakami “sufren” la situación de tener que compartir estanterías con otros autores y otros títulos con la misma imagen en la portada. Es el caso de la imagen elegida en España para lanzar “After dark”, uno de sus éxitos, y cuya fotografía (a mí personalmente me llamó mucho la atención y me pareció un acierto en relación al contenido del libro), fue elegida para estampar los libros de Lauren Barnholdt (“One night”) y de Ann Redish Stampler (“After party”). En este último caso, la “coincidencia” es mucho mayor, ya que el título comparte la primera palabra, y con facilidad un lector con la intención de comprar el libro de Murakami puede terminar en su estantería con el libro de Stampler.

El libro de Murakami también nos sirve para fijarnos en lo diferentes que pueden llegar a ser las portadas que ilustran un mismo libro al ser publicadas en distintos países o incluso por distintas editoriales. Puede resultar sorprendente el ver cómo los editores eligen diferentes estilos dependiendo de cuál es el país en el que va a ser vendido el libro, convirtiendo “After dark” en una especie de museo de imágenes que, teniendo tanto en común, no tienen nada que ver.

Por último, no estaría bien terminar sin referirse a esas portadas en las que se busca a todas luces coincidencias con libros de éxito para dejarse llevar por ese éxito y aumentar las ventas del producto en la mayor cantidad posible. En algunos casos no dejan de ser curiosas coincidencias y en otros casos llegan a resultar coincidencias preocupantes o incluso realizadas sin el menor pudor y con todo el descaro que es posible.

Esperemos que lo escrito en estas líneas nos haya acercado de una forma sencilla a algunos de los diferentes matices que se tienen en cuenta al elegir la portada de un libro.



7 comentarios:

  1. Interesante entrada, Daniel. No me habia dado cuenta de la cantidad de coincidencias que existen entre las portadas de los libros.
    Besos

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  2. Muy interesante esta entrada. Gracias Dani ;)

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  3. Algunas coincidencias como las que toman por portada un cuadro, creo que serían facilmente evitables. Interesantísima tu entrada

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  4. Hola, no me habia dado cuenta de tantas "coincidencias" interesantisimo.

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