viernes, 12 de julio de 2013

Personajes reales.

En las incontables páginas que han sido publicadas a lo largo de la historia de la Literatura nos podemos encontrar con infinidad de personajes de lo más variopinto, llegando alguno de dichos personajes al nivel de inolvidable, consiguiendo tal importancia que llega a ser confundido su memorable origen literario con un inexistente origen histórico.

Por otro lado, también existen personajes históricos que, tras haber sido plasmada su vida en algún libro con cierta falta de rigor, se fueron convirtiendo poco a poco en el personaje literario, abandonando con ello la autenticidad de su biografía.

En este caso podría incluirse a Rodrigo Díaz, noble castellano que vivió en el siglo XI, probablemente nacido en Vivar, Burgos, y que se convirtió en un hábil luchador en la etapa de la Reconquista de la Península Ibérica.


Vivió en una convulsa época, y su indudable talento para la lucha le hizo destacar en batallas y conquistas de ciudades (la más importante, la ciudad de Valencia). En cuanto a su figura histórica, está llena de claroscuros, siendo (al parecer) su amor por el oro musulmán más fuerte en ocasiones que su convicción cristiana, lo que le pudo costar el destierro hasta en dos ocasiones.

Tras ser moldeada su figura en "El Cantar del Mío Cid" y diversos escritos posteriores, su figura fue agrandándose hasta convertirlo en ese ejemplo y modelo de la lucha de la reconquista castellana, que llegó a ganar batallas contra el enemigo musulmán incluso después de muerto, con una voluntad y honor inquebrantables, y que sería conocido como El Cid Campeador.

En un caso similar nos encontramos a Vladislaus Drâculea, que vivió en el Siglo XV y que ejerció como príncipe en Valaquia (actualmente se encuentra en Rumanía). Hubo de enfrentarse a los envites otomanos que amenazaban con anexionarse sus territorios. Es conocida la escasa clemencia que mostraba con los enemigos vencidos, siendo usado como sobrenombre uno de los métodos que utilizaba para torturar y dar muerte a dichos prisioneros, el de el empalamiento, que en su idioma se pronunciaba Vlad Tepes.

Dicha figura sirvió de inspiración al escritor irlandés Abraham Stoker para componer la figura del Conde Drácula, que poco a poco se fue convirtiendo en uno de los personajes más reconocidos y reconocibles de nuestro tiempo, y que agregó  a la ya poco amable figura de Vlad III leyendas vampíricas y numerosos fenómenos y fantasías que superan la normalidad.

Es probable que personajes como los anteriores no pasasen de ocupar unas cuantas líneas en los libros de historia de sus propias zonas geográficas en ausencia de las referencias literarias, con lo que comprobamos el poder de sugestión que ejerce la literatura en la memoria colectiva.

Además de ello  nos puede sorprender también el saber que personajes que consiguieron el estatus de universales estén basados en personas que realmente vivieron experiencias que sirvieron de inspiración para los autores que les dieron vida.

Así, una de las más importantes novelas de aventuras de todos los tiempos se basó en las peripecias de Alexander Serkirk y de Pedro Serrano. Tanto uno (marinero escocés rescatado tras pasar 4 años en una isla desierta) como otro (marinero español que sobrevivió en un banco de arena 8 años) sirvieron a Daniel Defoe para dar forma a su novela más conocida y a su inolvidable personaje: Robinson Crusoe.

También existe una  gran cantidad de obras que se hicieron célebres y que llegaron a ver la  luz tras hechos vividos por el propio autor. Entre ellos podemos encontrar títulos como “La dama de las camelias”, escrito por Alejandro Dumas (hijo), que narra la vida del personaje de la cortesana Margarita Gautier en el París de mediados del siglo XIX y sus relaciones con diversos personajes de la vida social francesa.

El escritor francés plasmó la relación que mantuvo con Rose-Alphonsine Plessis, (conocida como Marie Plessis), y la convirtió en el famoso personaje de Margarita, que más tarde Giuseppe Verdi convertiría en la protagonista de la ópera “La Traviata”. Realmente, Dumas alteró la realidad, hasta llegar a idealizar la relación con Plessis, ya que dicha relación fue un tormentoso camino de discusiones y celos, rupturas y reconciliaciones, que el escritor dio por finalizada (al parecer por temor a contagiarse de cierta enfermedad de transmisión sexual) con la siguiente nota de despedida:

Querida Marie:

No soy lo bastante rico para amarte como quisiera ni lo suficiente pobre para ser amado como quisieras tú. Olvidemos todo entonces, tú un nombre que debe serte casi indiferente, yo una felicidad que se me hace imposible. Es inútil decirte cuánto lo siento porque tú sabes bien cuánto te amo. Entonces, adiós. Tienes demasiado corazón como para no entender el motivo de mi carta y demasiada inteligencia como para no perdonarme. Mil recuerdos.

Estos ejemplos son una mínima muestra de cómo pasan a la historia determinados personajes, y de cómo se llega a solapar la realidad con lo imaginado por el escritor que lo tomó como protagonista de su narración.


En los últimos años proliferan los libros que incluyen en sus tramas personajes célebres que se ven inmersos en medio de alguna acción, organización o conspiración de la que no tuvieron conocimiento en vida. Sirva de ejemplo el tremendo éxito de Dan Brown, “El código Da Vinci”, y entre los muchos personajes históricos mencionados en la trepidante acción, nos acordaremos de cómo se dan por auténticas ciertas intenciones de Leonardo Da Vinci en la composición de su pintura “La última cena”. El  tiempo nos dirá si, como parece, la fantasía modificará la visión que tengamos del personaje, o nos seguiremos ajustando a la visión de Leonardo que debemos a escritos anteriores.

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